Vivir pendiente de la aprobación de los demás ocurre cuando la opinión ajena deja de ser una referencia más y empieza a condicionar lo que decides, dices o haces. Puede pasar desapercibido durante mucho tiempo porque suele integrarse en la forma habitual de relacionarse con los demás.
Es un patrón aprendido, y se puede modificar con trabajo terapéutico. Puede ser difícil de identificar porque, desde fuera, la persona puede desenvolverse con normalidad en muchas áreas de su vida y haber integrado esta forma de relacionarse como algo habitual.
Cuando querer gustar se convierte en un problema
Leer lo que el otro espera es una habilidad social útil y la usamos todos. La línea se cruza cuando esa lectura pasa de orientar la conducta a decidirla, y el coste empieza a recaer siempre sobre el mismo lado.
Se ve mejor con dos personas concretas. La primera piensa «esto le va a sentar mal», lo dice de todas formas y cuida las formas, porque callarse le sale más caro que el mal rato. La segunda piensa exactamente lo mismo, se detiene ahí y no llega a decirlo, así que acaba la semana con varias conversaciones pendientes y la sensación de estar quedando mal con los demás.
La diferencia está en hasta qué punto la opinión de los demás condiciona lo que cada persona acaba haciendo.
¿De dónde viene vivir pendiente de la aprobación?
En algunas personas, esta forma de relacionarse puede estar vinculada a experiencias tempranas en las que recibir aprobación, evitar conflictos o cumplir determinadas expectativas adquirió mucha importancia. Con el tiempo, esas estrategias pueden mantenerse incluso cuando ya no son necesarias.
En psicología esta tendencia a definir el propio valor por la aceptación ajena se llama sociotropía.
En algunos casos también pueden influir experiencias familiares en las que la comparación, el conflicto o la desaprobación tuvieron un peso importante.
¿Cómo saber si la aprobación está decidiendo por ti?
Las señales aparecen en sitios muy cotidianos y por separado no significan gran cosa. Lo que orienta es que estas situaciones se repitan y empiecen a tener consecuencias concretas, como planes que cancelas, una oportunidad que no te atreves a pedir o una conversación que llevas tiempo aplazando.
- Esperas a saber qué opinan los demás antes de dar tu opinión, incluso sobre una película.
- Aceptas planes que no te apetecen y luego te enfadas contigo, no con quien los propuso.
- Repasas conversaciones de hace tres días buscando una frase que quedara mal.
- Un comentario neutro del jefe te ocupa la tarde entera.
- Sientes alivio, y no alegría, cuando alguien te dice que lo has hecho bien.
Dar vueltas una y otra vez a una conversación o situación sin llegar a una conclusión puede generar bastante malestar y acabar normalizándose cuando se mantiene durante mucho tiempo.
Cómo detectar cuándo dices que sí sin querer
El patrón puede ser difícil de identificar porque cada situación parece razonable por separado. Anotarlo durante un par de semanas permite ver con más claridad cuándo ocurre, con quién y qué consecuencias tiene.
- Qué te pidieron y quién
- Qué contestaste y qué habías pensado antes de contestar
- Qué dejaste de hacer por decir que sí
- Cómo te sentiste después
Al revisar el registro pueden aparecer determinadas personas o situaciones en las que este patrón se repite con más frecuencia.
Qué conviene evitar y cuándo acudir a terapia
Intentar cambiar de golpe, decir todo lo que se piensa sin filtro o empezar a cortar relaciones puede generar más malestar y culpa. La asertividad suele trabajarse de forma progresiva, empezando por situaciones manejables.
Conviene consultar cuando la necesidad de agradar te lleva a aceptar situaciones que te hacen daño, cuando has renunciado a decisiones importantes por lo que dirían, cuando aparecen insomnio o ansiedad ligados a anticipar el juicio ajeno, o cuando lo has intentado por tu cuenta y vuelves al mismo punto. Cambiar de entorno tampoco garantiza que desaparezca el problema si la necesidad de aprobación continúa condicionando la forma de relacionarse.
Si la necesidad de aprobación está condicionando tus decisiones, tus relaciones o la forma en la que te valoras, trabajarlo en terapia desde la autoestima, puede ayudarte a entender qué mantiene ese patrón y a relacionarte con los demás sin depender tanto de su validación.